UN PACIENTE MUY SATISFECHO

UN PACIENTE MUY SATISFECHO

Hoy hace una semana que nuestro querido Colin, paciente de Casaverde Mutxamel, recibió el alta. Antes de irse quiso poner su historia sobre el papel, y aquí os la dejamos para que veáis la fuerza de voluntad que atesora este gran hombre. ¡Te echamos de menos!

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UN PACIENTE MUY SATISFECHO

La vida no me trató demasiado bien! Me desplomé en mi casa, en Orihuela Costa. Cuando me desperté estaba en el hospital y el médico me dijo que nunca volvería a caminar. Tenía dos opciones: podía renunciar o pedirle a mi Dios, Jehová, que me diera fuerzas para seguir viviendo.

Dos meses más tarde, me llevaron a Casaverde Mutxamel en una camilla. Yo tenía 72 años, había perdido 25 kilos, llevaba pañal porque mis intestinos no funcionaban correctamente y estaba orinando en una bolsa. En aquellos momentos no me sentía muy optimista, ¡pero el personal de Casaverde sí!

Llegué a las 10 de la noche. Me metieron en la cama de una habitación muy bonita, me dieron de cenar, me cambiaron los pañales, me cortaron las uñas y me dieron las «buenas noches».

A la mañana siguiente me dieron el desayuno, me asearon y vistieron y me pusieron en una silla de ruedas.

Después me fui me realizaron una evaluación para averiguar si podía hablar (pude, en 4 idiomas, pero no en español por desgracia), si mi cerebro estaba trabajando (lo estaba, yo estaba probablemente un poco loco, pero no estúpido) y qué partes del mi cuerpo estaba funcionaban y cuáles no (no podía ponerme de pie, no podía caminar y tenía muy poca fuerza). ¡Los médicos y las enfermeras cuidaron mi medicación y los terapeutas comenzaron su magia!

Tuve sesiones de fisioterapeuta 3 días por semana para volver a ser capaz de ponerme en pie y dar unos pasos. Desde entonces nunca he mirado atrás. Tuve terapia casi todos los días. En los días en que no tenía diseñé mi propio programa de ejercicios. Pronto me di cuenta de que debes tener cuidado con lo que dices a los terapeutas. Un día le dije a una de ellas que tenía dificultad para levantarme de una posición sentada. ¡Nunca debí haber dicho eso! Me enseñó cómo impulsar mi cuerpo hacia adelante y me las arreglé para ponerme de pie. ¡Luego me obligó a hacerlo 30 veces!

Un mes más tarde se llevaron mi silla de ruedas y me dieron un bastón. Ahora podía caminar por el jardín sin ayuda. Desde entonces he ido de menos a más. El 21 de diciembre, ¡el mundo se va a acabar! No para mí, yo me voy a casa. Vine a Casaverde en una camilla, ¡me voy por mi propio pie!

Así que, ¿qué puedo decir? A mis compañeros pacientes le recomiendo que cooperen plenamente con el personal de Casaverde. Si vuestro terapeuta dice que hay que hacer un ejercicio 20 veces, tratad de hacerlo 25 veces. Comed los alimentos que os pongan – incluso si no os gustan-. La comida le da a vuestro cuerpo la energía que necesita. Por último, no perdáis la esperanza. Siempre hay esperanza si estás vivo.

Para el personal de Casaverde quiero deciros: «Tenéis un gran corazón». Desde el primer día sentí que las personas que trabajan aquí estaban realmente interesadas en mí y querían ayudarme a mejorar.

Gracias, Casaverde, vosotros me habéis devuelto mi vida de nuevo. Que Dios bendiga su trabajo.

Colin Fordham



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